MI PEOR ENEMIGO SOY YO – Primeros Capítulos

CAPÍTULO I

SE DETUVO EL RELOJ DE ARENA

“Desconfía de aquellos que no han considerado nunca el suicidio. Van haciendo paso a paso el camino, cegándose al abismo que siempre acosa al hombre.  Entran en la matemática rueda de la materia. Se hacen invulnerables a la desesperación. Cuentan incluso, fríamente, con el corazón.”

Clara Janés

El Tiempo…

“Omnes vulnerant, ultima necat”. Si bien es cierto como dice el adagio latino: “Todas las horas hieren, la última es la que mata,” debe ser precisamente el tiempo –verdugo implacable–  la mejor medicina para cualquier enfermedad que aqueje tanto el cuerpo como el alma.

Vivo de prisa, tempus fugit (el tiempo vuela) del gran Virgilio; pero a pesar que advierto cientos de caminos, tiendo a recorrer a aquellos que anteriormente he caminado… tan inútilmente. ¿Será esto algo inusual? Mis miedos, mis fantasmas, mis recuerdos y su peso me empujan a los abismos que yo mismo, con la ayuda de los seres que me rodean, he creado. ¿A qué te suena esto? ¿Infierno, Purgatorio o Paraíso? Escuchemos a Dante en su Divina Comedia:

En medio del camino de nuestra vida
me encontré por una selva oscura,
porque la recta vía era perdida.…
 

  … No sé bien redecir como allí entré;
tan somnoliento estaba en aquel punto,
cuándo el veraz camino abandoné.
[1]

El Parto…

¿Un mundo y una vida real? ¿Una vida predestinada por Dios, por el más allá o por los Otros? ¡Diez, nueve, ocho… tres, dos, uno! ¡Feliz Año 2001! Me encuentro celebrando la llegada de un año nuevo entre gente que no reconozco. ¿Estaré perdiendo la memoria o me hastié de mentirme? ¡A mis sesenta años pienso tan distinto! ¿Hechizo, hipnosis, amnesia o metamorfosis? ¿Quizás haya sido secuestrado por extraterrestres en su última visita a mi Isla? ¿Sustituido por algún verde alienígeno sin pasado? ¡Es broma amigos terrícolas! Cada vez que intento enfrentarme de tú a tú a mí mismo, bien en lo profundo de mis adentros, simplemente tiemblo. El sudor se escurre desde mis sienes hasta los tobillos sin control. ¿Terror de que otros descubran quién soy y cómo pienso realmente? La temperatura sigue bajando y el rojo de mi piel ya casi es púrpura; es como ir adentrándome al centro del mismísimo Infierno.  Solitario: sin comadrona en este inesperado parto.

Probablemente, he estado demasiados años ocultando mi verdadera esencia. Yo soy yo, pero también es verdad que soy el producto de la familia donde crecí, de la sociedad que me enseñó a pensar, a responder, a hablar, a comer y en definitiva, a actuar como ella quería. No es llanto, no son lágrimas las que bajan por mis mejillas en estos precisos momentos, Dante, son torrentes de felicidad, gotas frescas de rocío que penetran mi piel lentamente pero con firmeza. ¿Acaso por haber despertado ante mí mismo con la fuerza que sólo la honestidad y la perseverancia pueden lograr?

 

El falso equilibrio…

Soy un viejo reloj de arena que se reveló a la fuerza de gravedad. ¡Detente! Ni un granito de arena más. Pero no puedo detenerlo y vuelve el sórdido compás de mi corazón… Volvamos al tiempo; corren los segundos, los minutos, las horas, los meses, los años, y la vida joven nos va abandonando. ¡Cada minuto vivido son sesenta segundos que jamás volveré a tener para dar una sonrisa, una caricia y quizás, hasta un beso que pudo cambiar toda mi vida! ¿Acaso vivo en una continua inconformidad porque pienso que el mundo o un Ser Supremo no han sido justos conmigo? ¿Pero eso es así? ¿El sentimiento de injusticia, será responsabilidad fundamentalmente mía? ¿Estoy siendo inicuo con mi propio ser?

Continúo haciendo lo que otros quieren, a pesar de que en menor o mayor grado lo he descubierto. Lucho, pero de la forma menos efectiva. Respondo con hostilidad, desagrado y decepciones. Me frustro. Hiero a las personas que me aman. Las responsabilizo de mi insatisfacción. ¿No hay nadie que me ayude a escapar de este calvario? Creé un falso equilibrio, que solamente existía en mi imaginación. Busqué la fuerza en donde sólo había debilidad. ¿Debilidad y miedo de no aceptar que tengo una esencia? ¿Deseos de vivir plenamente ante mis sentimientos? No hay mayor tentación que el ser deshonesto y mentirse a uno mismo. “Siempre di lo que sientes y haz lo que piensas.”, decía  Gabriel García Márquez.

¿Cuántos hombres estarán en la misma situación? ¿Habrá una condena por la cobardía, por la hipocresía? ¿Cuáles son las consecuencias de no escuchar a nuestro propio corazón? Se engaña quien no se escucha a sí mismo y crea una felicidad artificial. Comentaba Sófocles que una mentira nunca vive para llegar a vieja. Tarde o temprano se sabrá la verdad. Dante permanece en la espera de los hipócritas para escoltarlos al Recinto Sexto en el Octavo Círculo del Infierno.

“«Por mí se va a la ciudad doliente,
por mí se ingresa en el dolor eterno,
por mí se va con la perdida gente.…


… ¡Perded toda esperanza los que entráis
!»…” [2]

El Legado…

Sigo intentando cerrar el orificio del reloj por donde se escapan mis granitos de arena… No pienses que estoy en una tormenta; este torbellino por el que estoy pasando siempre ha existido, lacerando mi esencia, mi identidad, mi estandarte e insignia de crecer. Lo maravilloso de este momento es que ya no estoy tan asustado. ¿No tengo miedo? Sé que estoy creciendo en mi interior… ¿será para bien? Necesito escribirlo, compartirlo con las personas que amo. ¿Necesito el apoyo de otros para seguir progresando? ¿Las personas que me aman pueden consciente o inconscientemente obstaculizarme la búsqueda de mi interior? No más reproches. ¡Prohibido la censura! Las palabras pueden llegar hasta a herir… ¿quizás por qué son auténticas? Las verdades del corazón son como las rosas: hermosas, con una fragancia inimaginable, pero no dejan de tener espinas. ¡Espinas que en forma de espiral se han ido apoderando de mi verdadero ser, disfrazando y mutilando su belleza! Esta metamorfosis interna es belleza, pero puede ser efímera si la dejo morir conmigo y no la escribo. “La belleza perece en la vida, pero es inmortal en el arte.”, sentencia exquisita de mi pintor favorito Leonardo Da Vinci. Si para los artistas la inmortalidad consiste en plasmar la belleza en sus obras, para los escritores, quizás descanse en dejar buenos relatos para ser interpretados y aplicados por futuras generaciones. Este es su legado.

La realidad versus el deseo…

¿Qué alternativas entonces tengo para vivir? Se reducen a solamente dos: la realidad y lo que internamente deseo. Crecer internamente es más tolerable si lo reconozco como un proceso. Se mitiga la ansiedad porque hay menos opciones que evaluar. Puedo dedicar gran parte de mi energía a desnudarme frente a mí mismo. Tráfico desgarrador en sus inicios. Si difícil es a veces y hasta  bochornoso el quitarse la ropa frente a segundos y terceros, más cuesta arriba es el desnudarse el alma y el corazón frente a uno mismo. Advierto las llagas que no han cicatrizado, los libros cerrados sin terminar de leer, los fracasos que eché en el supuesto pozo del olvido, las miles de decisiones que nunca tomé; experiencias que decidí no completarlas por rebeldía, por miedo o por mi debilidad de espíritu. “Casi todas las personas viven la vida en una silenciosa desesperación.”,  apunta con firmeza Henry David Thoreau.

“¡Cuántos creen allá arriba ser grandes reyes,
que aquí estarán, como cerdos en el barro,
dejando tras de sí horribles infamias!…”
[3]

No puedo apartarme de este camino aunque sea difícil. ¿Realmente me llevará a la iluminación total? ¿Es la realidad un traje no-hecho a la medida diseñado por alguien que no soy yo? Debo tener cuidado antes de seleccionar entre una supuesta realidad y mis deseos. Cuando abro el corazón de par en par, sin reservas, ante nada ni nadie, alcanzo la sensatez. Mi destino no está escrito, ¿acaso lo bueno y lo malo puede depender de mi capacidad de amar? Lo que genera el corazón, el espíritu, todo lo creado en el Cosmos, lo que me dicta mi ser interno, que me habla constantemente… ¿puede ser una ilusión? No quiero crearme falsas expectativas, no deseo hacerme daño; sólo quiero dejar volar mi espíritu hasta encontrarme, pero no en el más allá. Deseo profundamente ser feliz en este hoy, aunque tenga que detener mi existencia por un momento… Se oye a lo lejos un estridente trueno parpadeando luces en intervalos. ¿Zeus? ¡Obviamente molesto por mis atrevidos parlamentos! ¿El semáforo de mi vida siempre ha estado y estará controlado por las manos invisibles de los dioses?

No más un ser amoldándose a los deseos y gustos de otros. Deseo ser un Yo genuino, no un Tú clonado. No deseo por nada del mundo dejar de ser el buen y amante esposo que he sido, ni el padre que se preocupa por la salud y el bienestar de sus dos queridos hijos.  Pero deseo llenar el vacío que tengo dentro de mi corazón. ¿Es ese vacío la consecuencia por olvidarme que la felicidad recae en la obligación que tengo de amarme?  No amarme de una forma egoísta, amarme como una criatura con libre albedrío e independencia para decidir y soñar. Un ser sin sentirse forzado a moverse por la fuerza de gravedad que otros le imponen. Viejo reloj de arena manipulado a sus anchas por los que dicen amarle con locura.

La Peregrinación hacia el Conocimiento…

Hoy inicié mi peregrinación hacia algo que desconozco, pero el corazón me grita incesantemente: ¡SIGUE! No hay señales de PARE o CEDA el PASO. Paso firme hacia un mundo que tiene vedado los sonámbulos, a las medias verdades, a los vampiros de sueños, a los miedos, a los fantasmas del pasado, a los quizás… a los “hasta luego”. Debo de vivir con dignidad y sin máscaras o de lo contrario es preferible dejar de existir. No hay nada más cierto que lo admitido por André Malraux, “La muerte sólo tiene importancia en la medida en que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida.” Por eso, el mero pensamiento del suicidio es una salida aterradora y además una cruda señal de no ser capaz de reconciliarse con lo hermoso de la vida:

“… no es justo que el hombre posea lo que se quitó.
Aquí los acarrearemos, y en esta triste
selva quedarán nuestros cuerpos suspendidos,
cada uno del endrino de la sombra tan molesta.”
[4]

Pero no es menos cierto que algunas tempestades del corazón son tan amargas que nos hacen titubear ante la vida en un serpenteo del tiempo… ¿Debo dejar margen al engaño?  Este es el único defecto que no deseo tener ni cargar más. Como tampoco dejar de ser YO para convertirme en los OTROS. La sensación de enfrentarse a uno mismo es maravillosa. Cada día que pasa me siento más intrépido y tranquilo, luego de dar la cara a este dilema, dispuesto a combatir contra cualquier ejército que me impida el camino hacia mi centro. ¿Qué centro? Esta pregunta ocupa uno de los primeros lugares en la lista infinita de mis cuestionamientos que aún no tienen respuestas. Agradezco a Dante por dejarme entrar por una pequeña rendija del umbral de su Divina Comedia. ¿Estaré un poco más cerca del Paraíso… al abrir mi mente al conocimiento universal?

Y eso me llena, me arrastra a continuar buscando respuestas con menos temor de ser descubierto. Cuando tengo la fuerte necesidad de escribir, este deseo se transforma en una auténtica pasión. ¡Acompáñame por los círculos y recintos de mi comedia! Aunque puede no ser tan divina como la de mi amigo Dante, quizás, sí pueda ser la amarga medicina que cure algunas dudas… “Llego a preguntarme a veces si las formas superiores de la emoción estética no consistirán, simplemente, en un supremo entendimiento de lo creado. Un día, los hombres descubrirán un alfabeto en los ojos de las calcedonias, en los pardos terciopelos de la falena, y entonces se sabrá con asombro que cada caracol manchado era, desde siempre, un poema.” Definitivamente, esta es una de las más hermosas y demoledoras sentencias escritas por Alejo Carpentier, representante del Realismo Mágico; nos encara, magistralmente, al verdadero origen de la creación poética: la imaginación.

Con un poco de suerte, cada vez que leas una página de este libro, quizás descubras nuevas pistas y claves que pasaron desapercibidas en la lectura de la historia de tu vida, como pasó con la mía. El idioma es tan rico y mágico que quizás te revelará secretos del pasado que tenías escondidos y necesitaban salir a flote. Virgilio nos recuerda su aforismo: “Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus, singula dum capti cincumvectamur amore.” (“Pero entre tanto huye, huye irreparable el tiempo, mientras nosotros, atrapados por el amor, damos vueltas una y otra vez a las mismas cosas de una en una.”) [5]

Por fin se detuvo mi reloj de arena. Voy penetrando en mis adentros. Enfrente me espera como a Dante, irremediablemente, el INFIERNO.


[1] Dante Alighieri, La Divina Comedia, Cántico I – El Infierno, Canto I.

[2] Ibid., Alto Infierno,Vestíbulo, Canto III.

[3] Ibid., Quinto Círculo, Canto VIII.

[4] Ibid., Bajo Infierno, Séptimo Círculo, Recinto 2do, Canto XIII.

[5] Publio Virgilio Marone, Geórgicas (3: 284).

CAPÍTULO II

EL MIEDO A SER DESCUBIERTO

“Cada trecho recorrido enriquece al peregrino y lo acerca un poco más a hacer realidad sus sueños

Pablo Coelho

Rompiendo borradores con mis Musas

¡Qué divina verdad nos revela Pablo Coelho!  Por eso sigo aquí, entregado a estos papeles después de que empezara a escribir las primeras líneas hace ahora exactamente… cuatro largos meses y doce días.

Todo empezó una mañana muy distinta a las demás. Desperté temblando de pasión, con incontenibles deseos de abandonar, ¡por fin!, lo que hasta entonces solamente había sido un sueño sin matizar: escribir un libro. De repente, esa misma mañana comprendí que tenía las fuerzas necesarias para lanzarme adelante, y despojado de inhibiciones, enfrentarme al mundo real. Advertí que podía escapar de la anónima pesadilla repetitiva donde trituraba incansablemente cientos de borradores con seudónimos de todo tipo; sentí que podía atreverme a lucir mi sonrisa de par en par,  mostrar las encías sin temor… y de paso, espantar la vida somnolienta –huir de lo desapercibido– y adentrarme  en  el  espacio misterioso donde habita el reducido pelotón de kamikazes[1] que intentan hacer con su vida algo especial.

La musa furtiva, musa que corre tras de mí hasta ultrajarme el sentido, es casi una leyenda. No sé quién de esas nueve desvergonzadas, ¿serían, más o menos?, con bizarra asertividad, mordió la fruta prohibida en mi Paraíso. ¿Calíope, Melpómene, Talía…? ¡Quién de estas caprichosas criaturas, en definitiva, cruzó el umbral del tiempo para ayudarme a reeditar, con implacable ardor mis versos, mis sentimientos…!

Esa increíble mañana, un arrebato cósmico, una fuerza violenta e indescriptible fue transformando poco a poco los resortes emocionales de mi cerebro hasta sentir que las neuronas no naufragaban ya en un estéril intento de escribir, como antes. Por el contrario, alborozadas, bailaban ahora al caprichoso compás de las ninfas en el oasis que ayer fuera solamente un despiadado desierto. Fue un choque de dimensiones dramáticas en mi universo existencial: por un lado conecté con los arcanos de la mitología universal; por el otro con la simple realidad: misteriosa singularidad que ata el paso del tiempo, el ayer con el hoy, el pasado con el presente.

Entonces, aún bajo los efectos del narcotizante propósito que me acuciaba, por fin comenzaba a escribir este libro –y de improviso–, como si estuviese hipnotizado, empecé a tararear esta exquisita melodía uruguaya que ha repicado por años constantemente en mis adentros:

“Canta el cantor su pena y sus alegrías,

pero nunca ha podido cantar las mías.

Yo tampoco las canto, porque mis penas,

de ser tan sólo mías, son como ajenas.

Y cuando estoy contento tampoco canto,

      no sea que de las risas vengan los llantos.” [2]

Ser tocado por la Libertad…

¿Quién no ha sentido alguna vez cómo se funden la pasión y la razón? ¿Quién no ha experimentado lo que ahora siento yo?  No deja de intrigarme, sin embargo, en este punto misterioso, el contraste entre largos silencios por un lado y por el otro, impetuosos alborozos que a menudo agitan mi corazón. Me viene a la memoria en este momento la impaciente sentencia de Borges, ya cercano a su ocaso: He cometido el peor pecado que un hombre puede cometer: no he sido feliz.

 

¡Y es que se comenten tantos errores en la vida! ¡Unos tan banales; otros que en absoluto lo son! No seré yo ahora quien juzgue a los demás. Pero por lo que a los míos respecta, lo que sí creo, es que si en algún momento, víctima de ellos mi vida por perdida casi ya la di, aún estoy a tiempo –rompiendo las cadenas de mi esclavitud y poniendo voz a mis silencios– de alcanzar esa suerte de inmensa dicha que se siente cuando se tiene la fortuna de ser tocado por la Libertad:

“Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.

 

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
[3]

Despierto  nuevamente de este trance.  Descubro  que  fueron las musas –Melpómene, con su puñal ensangrentado, y Polimnia con su retórica y su pantomima– las que lideraron de una vez mi partida de las cavernas. Ellas, las musas… No me cuesta trabajo escribir. Escucho constantemente sus susurros. Me dejan sin aliento, extenuado, sin fuerzas. Dialogo con ellas como si las cortejara a todas a la vez, y por si fuera poco, me incitaron a abrir nuevos candados.

 

Abriendo Candados…

Tuve muchas veces el ánimo para comenzar esta narración, pero una y otra vez me encontré con candados: sentí miedo por un lado (unido a una especie de pudor a dejarme ver); por el otro, aún peor: terror a ser injustamente juzgado por los demás. “En mi alma había prohibiciones de ser yo mismo, exigiendo que conservara el condicionamiento, obligándome a vivir según las normas recibidas a través de una anquilosada tradición.” [4]  

Me enseñaron a defenderme desde muy pequeñito: defenderme de los adultos, de otros niños, de los vecinos, de los maestros, sobre todo del Principal; también del policía, de mis familiares y amigos, y ¡para colmo de males, hasta de mí mismo! ¡Cuánta fatiga! ¡Qué gran desconsuelo! ¡Qué gratuita dosis de frustración! ¡Qué inútil cansancio espiritual! Es indescriptible la energía que gasté protegiéndome sin cesar. ¡Qué guerra tan fútil! Sabía, que la ansiada tregua algún día tenía que llegar. Porque no hay nada más insoportable que huir de la propia sombra. Quería ser yo (El cantor que canta cosas prestadas va como los gorriones van en bandadas)[5], y tenía claro que no deseaba llegar a la edad de Borges y tener que arrepentirme, como él, de no haber sido completamente feliz.

¿Cómo podemos los hombres tratar de explicarnos el mundo si no somos capaces de entender a nuestro humilde y dislocado corazón? “La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener”.[6] Daría cualquier cosa si alguien me ayudara a alumbrar la oscuridad de mis adentros. Porque aunque haya sido una constante en mi vida el decir lo que pienso, sin reservas, sin tapujos, con cortesía, con estilo, tampoco me faltaron dudas, inseguridades y clamorosos temores a la hora de conversar conmigo mismo y expresar mis ideas a los demás. Esta actitud de lo que yo considero ser sincero, me ha ayudado a ser –más o menos– exitoso en este mundo horóscopo. Es cierto que disfruto hablando con la gente; pero en este caso, y por primera vez, venciendo prejuicios y viejos estigmas, no sin fundadas reservas, me apresuro a dar un paso más: me atrevo a escribir.

¿Habrá sido mi mujer la piedra que rompió el pestillo? (Gracias a Dios que ella no está aquí en este momento, ya que la llamé mi mujer –algo bien típico en este mundo latino donde el machismo es sinónimo de terrateniente de tu cónyuge–. Sabe bien ella que sólo bromeo, que la adoro, no solamente por ser mi compañera, sino porque es un ángel.)

Soy muy yo, muy mío; me doy shampoo de cariño todo el día para sobrevivir en este mundo hermoso, pero que a veces es tan frío, ¡que está congelado! Siento con pena la ausencia de aquellos que claudicaron, que decidieron seguir el camino fácil con tal de ser aceptados. Parece que se cansaron de luchar demasiado pronto. Es fácil envejecer el cuerpo; el espíritu nunca envejece cuando hay coraje para ser uno mismo. También siento yo la fatiga. Pero sé que sin ideales, voluntad y pasión, sin abonar mi propia tierra, moriré sin remedio al no ser libre:

“Without dreams of hope and pride

A man will die;

And although his flesh still moves

His heart sleeps in the grave;

And without land man never dreams

Because he is not free” [7]

La Represión y la libido…

El genial Sigmund Freud, al romper los esquemas de la recatada época victoriana y poner a la REPRESIÓN en el punto de mira de la neurosis, rompió también el molde del concepto de las estructuras psíquicas y emocionales dominantes en su época. Su aportación al campo de la patología de las enfermedades mentales en general, y a la génesis del comportamiento y desarrollo de la personalidad en particular fue casi un escándalo. Sin embargo lo dejó bien claro, y sus historias clínicas con pacientes así lo demuestran: crece en un mundo de restricciones (sexuales en particular), y paga, más tarde, las consecuencias de esta represión.

Lagos cargados de peces atrapados que buscan asfixiados oxígeno en aguas más frescas; neuronas congeladas por el sudor gelatinoso de la libido adormecida, castrada, malograda… El ambiente en que crecí me cortaba las alas, ahogaba mi estima: no me dejaba crecer. Esperé a que brotaran de nuevo, a que fueran fuertes, a que por fin me elevaran… (miro con cierto desdén hacia atrás, se resiente aún la brecha en mi alma, lágrimas hay en mis ojos; sangre y plomo aún en mis alas…).

El dolor de mi madre…

Mi madre: ¡Cómo no voy a sentir una pena inmensa por ella! En gran medida fue la causante de que no escribiera este libro antes. Mujer maltratada, mujer-ama de casa, hizo un gran esfuerzo por inculcarme mucho miedo (aún retumba el eco de sus lágrimas sobre mi pequeña cabecita de niño). Eco como el Gigante de Carolina, susurrándome al oído: <<Cuidado, no confíes en nadie, ni tan siquiera en ti mismo.>> No fue fácil acallar ese susurro –inhóspito diablillo– que en estos momentos me hace temblar su recuerdo.

En realidad tuvo mucho que sufrir mi vieja con un marido alcohólico y veterano de la guerra de Corea: todo un macho con uniforme y pensión. Tenía un aire de galán de telenovela mejicana y exhibía una fanfarronería sin límite por el mero hecho de dominar el difícil idioma inglés (habilidad muy poco corriente en aquella época), dominio, por cierto, que utilizaba frecuentemente como arma arrojadiza contra la pobrecita mujer que sólo contaba con un segundo grado de escuela en el exilio.

¡Vaya viejo mi padre! ¡Vaya padre mi viejo! ¡Con qué falta de tino cabalgaba sobre mi querida madre al anochecer, justo al lado de mi nueva habitación, dejando que sus relinchos de potro salvaje –viejo y maloliente de Whisky–  repicaran en el techo de mi alcoba hasta el amanecer! ¡Imagínense ustedes: un niño tratando de conciliar el sueño en la ciénaga de las trincheras, siendo sus nanas los sonámbulos gritos de guerra de un enemigo invisible a quien su tierna edad no alcanza a comprender!

Tratando de alcanzar la felicidad…

Creo que fue la bellísima actriz sueca Ingrid Bergman a que en una ocasión le preguntaron en qué creía que consistía la felicidad. Ella, bastante de vuelta de todo, con un buen puñado de años metidos en el cuerpo (y un sinfín de batallas en el alma), respondió lo siguiente con un cierto aire de pícaro cinismo: “La felicidad consiste en tener buena salud y mala memoria”. (Déjenme que les diga que estaba en la misma sintonía que hace 500 años cuando el ingenioso Don Quijote abrumado por las imperativas ausencias de su amada exclamaba aquello de “¡Oh memoria, enemiga mortal de mi descanso!”). 

Para terminar este capítulo, me digo a mí mismo que con mejor o peor memoria, ya mire al pasado, al presente o al futuro; en definitiva, mirándolo como se mire: “Todo hombre tiene derecho a ser feliz.” Esta cita es de Aristóteles y tiene más de dos mil años. Pero también debe de estar en La Biblia, en el Corán, el Zend-Avesta, el Talmud, en los Vedá y hasta en la Constitución. Alcanzar la Felicidad es una aspiración universal. Por eso es mi reclamo esta noche recorrer otro pequeño trecho del camino:

 “Caminante, son tus huellas

el camino, y nada más;

caminante, no hay camino,

      se hace camino al andar.” [8]

Mi meta es acercarme un poquito más a mis sueños, que no son otros que ANHELOS UNIVERSALES DE FELICIDAD.

CAPÍTULO III

MIS SILENCIOS MÁS INTIMOS

 La timidez es una condición ajena al corazón, una categoría, una dimensión que desemboca en la soledad.” 

Pablo Neruda

Mi familia…

Regreso al presente inmediato con más ganas aún de escribir lo que deseo, luego de esta loca inspiración que se fugó de mi interior sin saberlo. Siento ahora la brisa mañanera, tibia y refrescante sobre mis párpados, con un olor irresistible a pomarrosa. Átomos como gotas de rocío condensadas, amarradas con obstinada lealtad a mi libido cerebro: perfume incoloro que destila sudor por cada poro invitando a escapar a cientos de recuerdos que yacen sepultados…

Soy el resultado de la undécima barriga de María Castellanos Torres, engendrado por Don Agripino Salcedo Rivera, natural de Jayuya, Ciudad de Tierras Altas y del Tomate, según reza oficialmente en su acta de nacimiento (aunque mi tío Marcelo nos contradecía afirmando que era del pueblo de Utuado, que se conoce como la Ciudad del Viví, con un hermoso río que atraviesa la región, localizado justo al norte de Jayuya). Marcelo era el hermano mayor de Pinín, graciosamente así le llamaban a mi padre. En cuanto a mí, no tenía tantos hermanos, sólo nueve, pues tres de ellos, murieron antes de nacer. Compartíamos una casa rosa de hormigón en una de las barriadas más pobres de la capital. Cuatro cuartos, nueve hermanos, papi, mami y mamá –mi abuela materna– la muy querida Doña Carmen. Jugábamos al esconder por esta párvula morada, tratando que nuestros secretos y soledades no se tropezaran en el intento.

“Los pollitos dicen
pío, pío, pío,
cuando tienen hambre,
cuando tienen frío. …”
[9]

La casa era pequeña, pero cómoda; la habitación principal medía diez pies cuadrados a lo sumo. Daba justamente de costado frente a la sala que era la parte trasera del balcón. En el segundo cuarto, erróneamente llamado por todos “el cuarto del medio”, dormían en un inicio mis dos hermanas menores, pero mayores que yo. En la tercera habitación tropezaban mis dos hermanas Belinda y Fabiola (alfa y omega), las veteranas de la familia. La cuarta habitación, la famosa “última habitación”, era el Partenón de los cuatro varones.  La parte superior de la litera, era el castillo de mi hermano mayor el primogénito (alias Pinito) y José dormía en la cama inferior. En una cama de dos plazas dormía el Georgie, el terrible títere del barrio y este Rasputín que soy yo. Mi hermano menor dormía con mis padres en la misma habitación. Realmente un soberano despelote. Un escenario que no envidiaría ninguna de nuestras cárceles en estos días.

Todos para uno, y unos para todos”. Nada, que no nos llegaban al tobillo ni el mismísimo D’Artangnan con sus tres devotos amigos: Athos, Porthos y Aramiso. Nuestras camas de literas albergaban en sus colchones más intrigas, peligros, secretos y erotismo que un establo compartido por rudos leñadores ingleses. Cabe señalar, que pasé al famoso “cuarto del medio” una vez se casó mi hermana Evelia, ya que Belinda, la mayor, se había ido a Nueva York a estudiar luego de cumplido sus diecinueve años.

El Rey de la Casa, como en todos los cuentos anglosajones, era Don Agripino, que de agrio lo tuvo todo y del pino la viscosidad de su existencia. Era el Padre Nuestro y el Ave María, celestiales e interminables sus misas dominicales con olor a estiércol pasteurizado a 60 grados prueba. Un ser indescriptiblemente sereno, puramente contaminado por el Army, sin un pelo de ternura; sus ojos repletos de espermatozoides preñarían a la más virgen de la vecindad. Era querido por todos los del barrio, menos por nosotros. “La oscuridad no puede deshacer la oscuridad; únicamente la luz puede hacerlo. El odio nunca puede terminar el odio; únicamente el amor puede hacerlo.” ¡Qué belleza alucinante, qué espejismo sonoro, qué palabras tan sencillas que se hacen mías! Grito histórico de amor por la igualdad del negro en la América del Norte.

A pesar de que Martin Luther King aconsejaba a los negros no usar la violencia y mantenerse a la altura de la dignidad y el respeto a los demás, no era fácil, sin embargo, evitar el odio por el mucho dolor y por los sufrimientos que padecieron nuestros hermanos negros en su propia tierra. Me pasa lo mismo con mi viejo. Nos lastimó tanto que se me endurecen las entrañas y por momentos no entiendo del perdón. ¡Qué rico es sacarme del corazón tanta amargura coagulada por los años! Esta sensación de liberación es invaluable. ¡Papá, me voy a arrancar este rencor del pecho y te voy a mandar un beso dondequiera que estés!  El romper este silencio no ha sido en vano.

Cuando éramos aún niños, mis hermanos me condecoraron como un pequeño guaraguao: decían que hablaba hasta por los codos, que era un geniecito y un ají picante por lo travieso. Ahora bien, han de saber ustedes que de tímido no tengo ni un comino, ya que desde chiquitín mi estandarte ha sido este: mortificar hasta la saciedad. Pero aclaro también: era el más serio, el más aplicado de los cinco varones, con una imaginación casi parlante y muy respetuoso a las normas de mi hogar. Sin embargo, ¿por qué a pesar de ser un niño juguetón, extrovertido, y estar siempre rodeado de gente, respiro tanta soledad? ¡Todo guaraguao tiene su pitirre[10], y el mío es la soledad!

La Soledad…

Tú, soledad… sí, te tuteo. Porque necesito pensar que estoy conversando desde mi caverna con algún amigo cercano entre tantas sombras. Porque no puedo dejarme arrastrar por los miedos.  Sí, te sonrío nervioso al recordar a mis padres ya muertos. Ellos, aunque no fueron muy versados y finos, iban sin embargo sobrados de buenos modales: el por favor, el con permiso, el Dios te bendiga, y el usted y tenga. Era la diplomática letanía, el cansino rosario que se rezaba en casa a todas las horas del día. Es por esta razón que aún me resisto a cultivar lo aprendido y aceptar una de estas costumbres contemporáneas: la de tutear.

Prendo la fogata de las musas y me traslado a uno de mis lugares preferidos con la ayuda de la imaginación: Estagira Macedonia en pleno año 330 A. C., cuna de mi filósofo favorito Aristóteles. Sabio griego que nos deleitó con su retórica y metafísica. Allí, junto a sus discípulos, en su prestigiosa Academia, pude alcanzar una pizca de su vasto conocimiento. ¡Empache legendario! Estos aires antiguos de la ciencias y las artes trasforman mis acertijos en sapiencia. Con sólo unos minutos fue suficiente para recargar mis baterías y regresar de mi viaje imaginario a la ciudad de Trujillo Alto –justo al nordeste de la Isla– listo para zambullirme más profundamente a mis adentros en mi mundo real. Mi pasatiempo preferido era viajar (con mi imaginación) en el tiempo a lugares que conocí en los libros de historia o en los clásicos de la literatura. Aún en el presente practico este pasatiempo. “La memoria es como una red: uno la encuentra llena de peces al sacarla del arroyo, pero a través de ella pasaron cientos de kilómetros de agua sin dejar rastro”, expresa con atinada sabiduría el poeta y médico estadounidense Oliver Wendell Homes. Ahora espero que ustedes puedan calcular conmigo –y con este reconocido escritor anglosajón– cuántos peces pude sacar de la red de mis silencios, sin importar cuántos secretos sigan lapidados en el océano de mi subconsciente, que a pesar de mis deseos, no pudieron ser atrapados en esta ocasión: 

“Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre

 aquel que amó, vivió, murió por dentro

 y un buen día bajó a la calle: entonces

           comprendió; y rompió todos sus versos.…” [11]

Entre cada página que escribo se va inundando de satisfacción mi corazón. Ya cerca del anochecer, a media luz, sentí unos deseos incontenibles de gritar a los cuatro puntos cardinales: ¡Eureka he decido matar los fantasmas que tanto me venían molestando desde pequeño! Rompí con sobrada osadía, el cofre virgen de mis silencios…

Los silencios…

Silencios. ¿Cuántos silencios tienes tú que no te atreves compartir con los demás? No sólo de silencios vive el hombre. Hace apenas unos días un buen amigo me dijo que lo más bonito que se había oído sobre el silencio lo dijo el escritor español Calderón de la Barca: “El silencio es la retórica de los amantes.” ¿Pero hay que ser amantes para disfrutarnos el silencio? ¿Alguna vez has experimentado una sensación indescriptible de gozo al estar en silencio con un amigo, un hijo, un hermano, sin sentir ni una pizca de vacío? El silencio forma parte de las relaciones. Es necesario para reflexionar, para comprender, y quizás cuestionarnos si estamos mejor acompañados que con la señora Soledad:

“A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos. …”
[12]

Han pasado muchos años y sigo sin entender del todo a mi amiga Soledad. Por eso les voy a contar mi historia, la historia en canto y alma de Alberto Salcedo Castellanos, ex-profesor universitario, viudo a mis ya sesenta ocho años (a mi mujer se la llevó un ataque fulminante de asma cuando más cerca estábamos). Tuve tres hijos, uno fuera del matrimonio  el  cual  nunca  reconocí,  con Margarita Nieves Paniagua –mi querida– quien al igual que yo, no estaba convencida de que la criatura fuera mía. La muy ligera –estudiante de teatro y periodismo–  se acostaba con quien le salía de ganas. Para mí siempre fue eso: una querida. A fin y a la postre, de soltero yo hacía lo mismo: cero lealtad. Nuestra relación se inició dos años antes de casarme con Lucila. La infidelidad apenas duró ocho meses. A los nueve –alegoría a un parto–  sentí que el amor se decantaba claramente por mi esposa. Entonces me di cuenta que no podía continuar con una doble vida, entre otras cosas porque era un engaño, una traición. El embarazo de Lucila, mi adorada esposa, y  la nostalgia de sentir a través de su piel a mi futuro hijo fue la pieza que completó el rompecabezas de mi destino.

Jamás mi santa esposa se enteró de mi infidelidad. ¡Qué Dios la tenga en la Gloria y quién sabe si allí se enterará de las debilidades de su entonces infiel esposo! Llevo casi dos años completamente solo. Mis hermanos murieron todos, y mis hijos, cuando falleció su madre me desterraron de sus recuerdos. Les confié mi infidelidad a las dos semanas después de su muerte. Pensé que era lo correcto, pero debí de haberlos dejado en el engaño, porque a fin de cuentas, ni comprendieron mi arrepentimiento, y mucho peor aún, jamás me perdonaron este insípido adulterio.

Mis hijos legítimos, el primero fue Leónides –en homenaje a Leonardo Da Vinci–, nos pegó tremendo susto el día de su nacimiento; diecinueve horas de parto, una antesala de lo que nos esperaba con este querubín; alrededor de su cuello el cordón umbilical pegado de forma congénita (daba como dos vueltas a lo sumo sobre las cervicales), por poco lo deja sin vida. Leónides sacó los rasgos característicos de la madre, tez blanca, pelo rojo y una estructura ósea impresionante. La Rosalima, por su parte, una niña muy parecida a su padre física y emocionalmente; dramáticamente histriónica y toda una artista. Dos niños sanos, muy inteligentes, despiertos y parlanchines. ¡Gratitud al Universo!

No sé si es herencia de los Salcedo o de los Castellanos, pero me gusta comunicarme yendo al grano y sin poner fronteras. Así es que mi amiga Soledad, si tengo que usar palabras ofensivas, no me censures. Las palabras no son ni buenas ni malas, son herramientas que ayudan a esculpir mis pensamientos y a darles un sentido. He permitido a mis silencios que floten sobre el océano de la esperanza. Converso continuamente conmigo mismo antes de tomar una decisión. ¿Aprendí a perdonarme por mis errores y me siento más libre para perdonar a los que me han herido?

El filósofo Ludwig Feuerbach expresa con gran acierto la responsabilidad que tenemos de indagar en nosotros mismos y hacernos responsables de nuestro destino. Su controversial discurso ante aquellos cristianos ortodoxos que por siglos deshumanizaron a Dios, logró ser escuchado y rindió sus frutos. “Es más cómodo sufrir que actuar; es más cómodo dejarse redimir y liberar por otro, que liberarse a sí mismo; es más cómodo hacer depender su salvación de otra persona, que de la propia fuerza; es más cómodo amar que anhelar; es más cómodo saberse amado de Dios, que amarse a sí mismo con un amor sencillo o natural, innato en todos los seres.”  En mis silencios he tratado de amarme a mí mismo, en contra de las críticas y los juicios de mi familia, amigos y conocidos. Aprendí no muy tarde, que la salvación siempre estuvo y estará dentro de mí,  jamás en la percepción o sentencias de los demás.

<< In vino veritas >>

La vida aunque breve, es tan intensa que nos logra confundir en el tiempo. ¿Te has dado cuenta cómo se envejece? La prisa embriagadora me ciega sin reparos, manteniéndome ocupado de día en día hasta que me deja anestesiado. Entre copa y copa me viene a la memoria uno de mis pasatiempos predilectos –juego divertido para aumentar mi vocabulario y conocimiento–: buscar veinte palabras diarias en el mata bruto, un diccionario heredado de mi hermana mayor. Vino, del latín “Vinum”, se le llama al líquido resultante de la fermentación alcohólica del zumo de las uvas. Líquido virgen que me transporta al infinito. Dante repetía que “el vino siembra poesía en el corazón” y por otro lado, Platón lo antecedió diciendo que “in vino veritas”, es decir, “es en el vino donde está la verdad”. Surge en mi mente una posible deducción lógica de los anteriores silogismos: el vino tiene la aparente propiedad de ser el suero de la verdad de los corazones reprimidos.

Sin el propósito furtivo de juzgar a nadie ni a mí mismo, me pregunto: ¿Por qué algunas veces cuando bebo vino, y se me sube de repente a la cabeza, este estado de embriaguez no es suficiente para desenmascarar mis falsedades? ¿Y por qué no puedo liberarme con estas uvas ebrias, y  me vuelvo a esconder en  el viejo cascarón que me aprisiona? El vino es una maravillosa excusa para liberar tensiones y borrar pecados. Te rompe las cadenas de la rutina, dejando escapar la locura que es un ingrediente esencial para ser feliz. La ingesta de vino, o quizás de alguna experiencia en nuestro camino, nos acerca momentáneamente a la verdad. Aunque luego, pueda desaparecer como un fugitivo recuerdo.

Es una queja casi universal que la intensidad de la vida moderna no nos deja espacio para nosotros y para los nuestros porque el valor de ser alguien en nuestra sociedad tiene un alto precio. Precio que no lograré pagar porque tengo muy a menudo endeudada el alma a intereses ajenos. Año tras año, década tras década, siglo tras siglo, siempre hay quienes se empeñan en hacerme creer que soy indigno de ser feliz y de compartir mis alegrías. La alegría y la felicidad no pueden ser solamente un estado de ánimo. Existen en la medida en que aprendo a saborearlas cada minuto. La felicidad es una decisión diaria que tengo que hacer para vivir en armonía.

El Centro (La Sintonía)…

Todo tiene su lugar en el universo. No hay nada fuera de sitio. Cada acción que realizo, cada sonrisa que doy, cada lágrima, cada estado de conciencia, cansancio, irritabilidad, insomnio, vigilia, desvelo de amor… ¿tiene su razón de ser? ¿O serán el resultado de una maniobra mal ensayada? Las cosas suceden y ya. Ocupan su espacio, su tiempo y sobre todo genera un torbellino de cambios y consecuencias.

Se dice con frecuencia que debemos buscar nuestro centro. Yo me lo he creído hasta ahora. ¿Eso realmente es posible? O mejor preguntar, ¿es necesario? Muchos insisten en la misma idea de que somos el centro de algo, que todo busca su balance y que uno tiene que buscar el suyo. ¿Cuántos balances hay en el universo, en el planeta en que vivimos, en el continente donde estamos, en el país que amamos, en la vida de nuestra familia, de nuestro trabajo, en el interior de cada ser humano? Es increíble que cada vez que pienso haber encontrado mi balance, a los años, meses, semanas, días, horas o minutos: descubro que estoy nuevamente desintonizado. Soy un inmenso radio tratando de buscar la mejor señal para oír lo que deseo escuchar, con la mejor claridad y distinción. Pero el mundo está igualmente lleno de millones de radios tratando de sintonizar, de captar la óptima señal, todos simultáneamente, interfiriendo los unos con los otros.

El origen del Universo…

“Hay mil formas de pelar un mono”, refrán muy pueblerino del que no sé su origen.  En cada idea que formulamos hay una decisión tomada y según nuestra filosofía y creencias, buscamos la mejor solución a nuestras miserias. Conozco a algunos amigos y familiares que practican el Yoga y estudian la Metafísica. Ellos consideran estas técnicas (o filosofía) como el antídoto a todo problema. El Dios de los Misterios se presenta, con sus famosos Gurús de temporada, Maharishi Mahensh Yogi, Paramahansa Yogananda, Swani Sri Yukteswar y con un nombre casi cristiano, Robert Wallace, neurofisiólogo del siglo XX.   Todos prescriben y aseguran que con una buena meditación los pájaros saldrán de sus jaulas –el cielo se tupirá de cientos de estrellas– de las cuáles una de ellas puedes ser tú. ¿O quizás yo? No me malinterpreten, no es una crítica frontal a la meditación trascendental. Todas las técnicas, desde las más sencillas, hasta las más elaboradas que ayudan a crear ese momento de introspección necesario para vivir en equilibrio, son bienvenidas. Yo mismo he puesto en práctica la meditación en mi búsqueda para ser más paciente y tener mayor serenidad. En la mayoría de los casos resulta ser muy efectiva: herramienta que se puede utilizar en la búsqueda de la salud y la vitalidad. Meditación que funciona, de eso estamos claros, pero que está lejos de ser el mágico elixir para conseguir la felicidad. Funciona excelentemente bien cuando los demás están en tu misma onda o estado de conciencia.  Así, que de vez en cuando, me detengo a cultivar esta técnica. Pero nunca he logrado pasar del Purgatorio (en mi largo camino hacia al Paraíso) en mis contadas e inconclusas meditaciones.

Se escapan de las tumbas mis versos…

¿Dios o dioses? ¿A quién no le fascina la mitología griega?, esas figuras impresionantes, mágicas, etéreas. A mí me trastorna la riqueza de imágenes y personajes, me excita el intelecto. Homero, con sus incomparables obras, la Ilíada y la Odisea, me cautivó,  esclavizando mis sentidos por muchos días en mi juventud. El Monte del Olimpo fue el  lugar predilecto de mi imaginación-juventud. Allí jugaba con mis silencios y con la inseparable señora Soledad. Clío, una de mis musas preferidas –con su corona de laureles y su cisne– me invita a retozar nuevamente con candidez, como acostumbraba a hacerlo en mi niñez-juventud. Unas merecidas vacaciones en mi monte favorito, desde luego, una magnífica excusa para darme unos tragos con Zeus y Apolo, y compartir mi buen humor con Hera o Artemisa… sólo mi buen humor.

Sin embargo, yo creo en Dios a mi manera. Sé que está ahí, en el Universo. No lo puedo ver ni tocar. Es pura energía. Hablo con alguien que me escucha. Algunos dicen que es nuestra propia consciencia. Esta es la forma más primitiva de acercarnos al Cosmos y de comunicarnos con lo sobrenatural desde tiempos inmemorables. “Dios nos envía a las personas que necesitamos conocer.” Una frase tan sencilla del escritor mejicano Doménico Cieri Estrada, pero tan trascendental en mi vida. Si no es posible hablar con Dios, habla con sus emisarios. En medio de mi última tempestad llega el alquimista de mis sueños. Tengo mi ángel guardián que me cuida los pasos diariamente, y con atrevida gallardía me sacó todos los personajes mitológicos de las tumbas para reescribir mis versos.

Diálogos con el más allá…

Es bien emocionante poder leer ciertos poemas de algunos de los escritores místicos del Siglo XVI en su relación con Dios. El resultado de esta vivencia es único y un inequívoco embeleso. Son versos repletos de sensibilidad, sencillez y hermosura que se distinguen en la Literatura española (y mejicana con Sor Juana Inés de la Cruz), durante el período del Renacimiento, impulsado por la Contrarreforma ante el avance del Protestantismo. Indudablemente una comunicación exquisita con el Creador del Universo. Estos versos, excepcionales por cierto, no fueron escritos para ser considerados meras piezas con valor literario. Eran el medio para testificar el éxtasis que solamente un puñado de privilegiados creían experimentar en su propia alma al entrar en comunicación con Dios. Dicen los expertos en esta materia que la forma de expresión literaria mística más cultivada fue el verso, cuyo más grande representante fue San Juan de la Cruz, mientras que Santa Teresa de Jesús se destacó como la más importante prosista.

“En mí yo no vivo ya,
y sin Dios vivir no puedo;
pues sin él y sin mí quedo,
este vivir ¿qué será?
Mil muertes se me hará,
pues mi misma vida espero,
muriendo porque no muero.”
[13]

Entre las más famosas piezas literarias se encuentran breves poemas que describen simbólicamente el proceso de unión del alma con Dios. Por medio de alegorías, estos Santos, describen maravillosamente su comunicación con Dios mediante lo que ellos llaman las tres vías místicas: la vía purgativa, donde el alma se purifica de sus vicios y pecados, mediante la penitencia (la privación corporal) y la oración; la vía iluminativa, una vez purificada, el alma se ilumina al someterse totalmente a la voluntad de Dios (el alma se encuentra en un desamparo y angustia interior inmensa) y finalmente, la vía unitiva, donde el alma se une a Dios, produciéndose el éxtasis que anula los sentidos. Esto está en contraste con la literatura religiosa de la Edad Media que mezclaba a Dios con todo tipo de asuntos mundanos como apariciones y milagros. Por otro lado, y sin que me acusen de  sacrílego  –una opinión muy personal–, la literatura mística fue un mecanismo efectivo para mercadear y promocionar la fe cristiana logrando que laicos (hombres y mujeres), sacrificando su vida terrenal, entraran en los sacerdocios y monasterios como discípulos, y promotores de las diversas escuelas (una de las más famosas la Orden de los Carmelitas a la que pertenecían Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz) de la  doctrina católica.

En realidad estas obras literarias rompieron con los moldes de la época con un evidente acento popular y armonizaron divinamente en la lírica del pueblo. En esencia, el místico es la perfección absoluta: se conoce muy bien  a sí mismo, se despoja de las cosas banales, hasta del cuerpo y por medio de la meditación y de la catarsis personal se siente feliz amando a Dios. Esta persona vive un trance emocional excepcional, y todo le parece poco hasta no estar con su persona amada. Sublima lo demás. No le importa lo que come o lo que hace, sólo estar en comunión con su Creador.

Ser completamente auténtico quizás me libere del dolor eterno…

La práctica y el dominio de la meditación es una ventaja; estoy convencido que la meditación nos ayuda a equilibrarnos con respecto a la situación que deseamos modificar. Pero… ¿la esencia de las cosas puede cambiar por la meditación? ¿Se puede modificar por interpretación o asumiendo una actitud positiva ante una determinada situación? La esencia está allí. No deseo seguir como sonámbulo caminando hacia un centro que otros me han seleccionado para vivir.  Estoy exhausto, cada vez más confundido tratando de aclararme lo que otros no han logrado hacer: ser plenamente auténticos.

Me distrae la angustia por momentos en esta noche oscura e iluminada, cegándome involuntariamente el intelecto. Seco mis lágrimas ante el doloroso descubrimiento de haber vivido rodeado de tantos canallas camuflajeados que hoy moran en este Infierno. Pienso, y me concentro en que debo mantener en mis fronteras a los hipócritas y traidores, bajando así dramáticamente, las probabilidades de cometer equivocaciones que pudieran luego lastimar a mis seres queridos en un futuro. ¡El calor es intenso! Siento que mis gotas de sudor se evaporan con el calor que emana de los ardientes cuerpos que frente a mis ojos se estremecen sin consuelo. Pero no me detengo, sigo por entre los surcos estrechos que parecen querer aprisionarme y cerrarme el paso para siempre. Suspiro, y por fin, distingo a lo lejos la figura de mi Lazarillo –haciéndome señas–, para que salga de inmediato de este abismo, y retorne una vez más a la ruta que me dirigirá, eventualmente, al CIELO.


[1] Definición El término kamikaze (viento divino) de origen japonés, fue utilizado originalmente para referirse a los ataques suicidas efectuados por pilotos de una unidad especial perteneciente a la Armada Imperial Japonesa, contra embarcaciones de la flota de los Aliados a finales de la Segunda Guerra Mundial.

[2]  Alfredo Zitarrosa, La Canción del Cantor.                                                                   

[3] Extracto de la Canción del Pirata del extraordinario José de Espronceda.

[4] Alejandro Jodorowsky, La Danza de la Realidad. Madrid, Ediciones Siruela, 2001. Indudablemente una obra genial y exquisita de nuestra literatura.

[5] Zitarrosa, op. cit.

[6] Gabriel García Márquez.

[7] Chuck Mangione, Children of Sanchez. Traducción: “Sin sueños de orgullo y esperanza-el hombre muere;-Porque a pesar de que su carne se mueve,-su corazón descansa en la tumba;-Porque un hombre sin tierras no puede soñar,-porque no es libre”.

[8] Extracto del poema Caminante del extraordinario poeta español Antonio Machado.

[9] Extracto de la canción infantil  Los Pollitos, autor desconocido.

[10] Frase pueblerina utilizada en Puerto Rico. El Guaraguao es un ave majestuosa de rapiña, de gran tamaño. Es atacada, frecuentemente, por un ave pequeña llamada Pitirre. Cuando la enorme ave guaraguao pasa por un nido de pitirre, es atacado por esta ave más pequeña.

[11] Extracto del poema Pido la Paz y la Palabra, del excelente poeta español Blas de Otero Muñoz.

[12] Extracto del poema A mis Soledades Voy del poeta español Lope de Vega.

[13] Extracto del poema Cánticos del poeta místico San Juan de la Cruz.

CASE STUDY #1: T-Mobile Londres

La activación de T-Mobile durante las olimpiadas de Londres

 

Este case study es un poco diferente porque es más relevante a Social Media Management que a desarrollar un app, concurso, juego, etc.

 

Como sponsors del Equipo Olímpico T-Mobile se propuso “Conectar a Puerto Rico con Londres” a través de unas cáspsulas de video que tenían entrevistas con atletas, puertorriqueños en Londres y vistas de la ciudad.

 

Nuestro trabajo consistió en manejar esa comunicación en las redes sociales. Lo más importante para destacar es que teníamos personal en Londres y personal en Puerto Rico coordinando la creación y manejo de contenido. Se utilizaron las plataformas Twitter, Facebook, Youtube e Instagram.

 

Además de darle una visión real de la experiencia en Londres comunicamos las agendas de los atletas puertorriqueños. Usamos técnicas de visual storytelling para unir al pueblo en el apoyo y comunicación con nuestros atletas.

 

Algo que quiero explicar es que creamos artes felicitando a los atletas pero estabamos preparados con versiones de artes por si ganaban o perdían, igual por si ganaban oro, plata o bronce.

 

T-Mobile: Link between Puerto Rico and London during 2012 Olympics

 

The prominent android supplier in Puerto Rico incorporates social media in its attempts to keep locals informed about current events in London.

 

 

 

Intro
Viviré Creative and Interactive studio worked with T-Mobile once more, this time, to administer the network provider’s social media during the 2012 London Summer Olympics.

 

 

 

Brief/ Objectives

 

As sponsors of Puerto Rico’s Olympic Team, T-Mobile’s goal during the Olympics was to connect Puerto Rico and London by broadcasting sights from the host city as well as interviews with both athletes and puertorrican supporters in London.

 

Our job at the agency was to manage said communication via social media platforms such as Twitter, Facebook, Youtube and Instagram. Personnel from Viviré worked in location at London as well as in Puerto Rico, where staff members were in charge of coordinating the development and publishing of the content. As part of our services, we assembled original graphics acknowledging athletes’ participation and congratulated wining athletes; being that we prepared various designs given the case they won gold, silver or bronze medals.

 

 

 

Results

 

The social media management was successful. In addition to providing the locals an experience of the events taking place in London, we announced the athletes’ agendas, schedules and events; thus enabling townsfolk to keep track of the activities taking place.  By incorporating visual storytelling techniques, we brought together a country and allowed them to support their athletes. T-Mobile was pleased with the account managing services being that their Facebook page saw a 112% increase among the following:

  • 6,397 New Fans
  • 16,290 Likes
  • 610 Comments
  • 374 Shares
  • 204 Wall Posts by Fans
  • 9,083,367 Facebook Impressions

 

 

CASE STUDY #2 Café Yaucono

 

Café Yaucono: Local Eminence Includes Social Media In Their Campaign.

The locally acclaimed favorite developed an active social community for coffee lovers.

Looking for ways to connect with today’s generation, Café Yaucono teamed up with Viviré in order to improve methods between the brand and its buyer. What started of as the management of the franchise’s competition “Yo Quiero mi Finquita de Café” where Yaucono granted its consumers the opportunity to win a five acre coffee farm, expanded to over 20,000 friends via Facebook within two months and led to Viviré’s staff administering the page in its entirety.
The marketing strategy for Café Yaucono’s Facebook page was based on effective communication, where both the brand and its customers were able to find a common subject they interacted about. This alignment of interests isn’t easy, its one of the major challenges with social media. However, with the Yaucono account, we managed to find the harmony between the brand’s objectives and the public’s interests. We were able to support the common topics between the product and the consumer through social media platforms in a dynamic manner, with posts that focused on consumption of coffee in occasions and areas they were familiarized with; such as the workplace and family gatherings. That way, the message being sent was related to coffee but it was framed within our customer’s daily experiences.

Another challenge was maintaining a balance amongst boosting the public’s participation in the contest while controlling the amount of messages published daily. Conversely, through this combination of ideas and equilibrium, we were able to stimulate a , online community and transform it into one of the most dynamic pages in Puerto Rico.

CASE STUDY #3: Cointreau-versal

Cointreau’s “Cointreau-versial” Beauty Search

The leading orange flavored liqueur takes advantage of social media and digital advertising to reach its target market in Latin America.

 

Objective

Cointreau is an orange-flavored liqueur used in various drink recipes. Their advertisements target the female population, especially sexy, “cointreau-versial” women. The brand is strengthening its presence here in Puerto Rico and they were looking to expand the campaign’s effective attributes to other countries in Latin America. In conjunction with Lanuza & Associates, we came up with a strategy in order to increase the brand’s popularity.

 

Insight

Cointreau is a globally known brand of liqueur, which appeals to women’s fun and spunky personalities. Personnel at Lanuza & Associates developed  the idea for an beauty contest in order to appeal to women in Latin American countries where as  Viviré focused on the Facebook application development, content creation, community management and customer service for the  promotion.

Upon registration at the Cointreau Facebook Application, participants were able to describe themselves by selecting one of three available Cointreau drinks: The Cosmopolitan, The Margarita and The Cointreau Fizz. Afterwards, the participants could upload a picture of themselves in the application from October 2012 till December 2012[1] . The submitted pictures went through an online moderation process, since they had to comply with specific brand guidelines. At the end of the contest, a panel of judges selected the finalists.

 

Idea

The online contest was open for women from ages 21 to 35 in Puerto Rico, Dominican Republic, Ecuador, Venezuela and Mexico. Upon registering for the contest, they had to choose which Cointreau drink best represented them, with the sole purpose that the drink’s characteristics would match up with the participant’s personality.

The Cosmopolitan

Sophisticated and sexy.

The Margarita

Fun and ingenious.

CointreauFizz

Classic and elegant.

As a creative and interactive studio, Viviré was in charge of the following:

Designing online strategies in order to meet the promotion’s needs and reach the established goals.

Social media management in order to foster a community focused on the brand and the lifestyle it reflects.

Digital advertising in order to increase participation rates throughout the different countries.

Both social content strategies and visual storytelling techniques were developed in order to engage with the participants. Story techniques included focusing on the participants’ lifestyle, such as their personality, scenarios they may encounter while they are out partying, friendships and sensualityAlso, the application featured Cointreau recipes for both alcoholic and non-alcoholic drinks.

 

Results

Once the contest was over, 15 finalists were selected out of all the participants; three per country. Afterwards, three winners were chosen, each representing the previously mentioned Cointreau drinks. As a grand prize, three lucky ladies were involved in a photo-shoot for the Cosmopolitan en Español magazine.

In the end, the final numbers reflect that there was an increase in the brand’s  awareness among the female population from these countries due to the use of social media and digital trends.

  • Fan Growth: From 0 to 50,136 during the contest’s duration
  • Total Contest Participants: 4,165
  • Total Post Likes: 25,089
  • Total Comments: 1,360
  • Total Shares: 2,869

 

 

 

CASE STUDY #4: Culsonic 4G

 

 

Culsonic 4G:   Mobile Gaming App from T-Mobile

 

The leading Android provider in Puerto Rico promotes mobile innovation through their first branded game application.

 

 

 

 

Objective

Develop an interactive campaign in order to promote T-Mobile’s coverage expansion in Puerto Rico by supporting both the National Olympic Team and Javier Culson, the campaign’s spokesperson during the London 2012 Summer Olympics. Culson, a Puerto Rican track athlete who specializes in 400 meters withhurdles, became the island’s main hope of winning its first Olympic medal since the 1996 Olympics. Before his participation in London, Culson was a two-time World Championship silver medalist and won first place in the prestigious Diamond League.

 

 

Insight

 

T-Mobile has invested and strengthened their network in Puerto Rico, increasing connection speeds and helping them position themselves as the island’s leading Android provider. Using the hype and buzz generated by the Summer Olympics, T-Mobile decided to create the first branded mobile game in Puerto Rico, associating the brand with mobile innovation and leveraging Javier Culson’s sponsorship to connect with customers.

 

 

Idea

 

T-Mobile Puerto Rico created “Culsonic 4G” for their new campaign supporting Puerto Rico’s Olympic Committee and Javier Culson during the London 2012 Summer Olympics. A fusion between “Culson” and “sonic”, the game had a “retro” vibe, simulating video games from the 1980’s and features a character with realistic mechanics and design, based on Javier Culson’s movements.

 

Various elements from the game are tired to the brand (T-Mobile) and the campaign, such as:

  • 4G speed power-up caused the character to run faster for an allotted period of time.
  • Branding was incorporated in the scenery (i.e graffiti, posters and signs).
  • It was developed on Android in order to support T-Mobile’s  position as leaders on that platform
  • Social media interaction allows players to post their scores online in Facebook and Twitter.

 

 

 

Results

 

T-Mobile’s campaign, including their first branded mobile game, Culsonic, were successful

 

It received over 10,000 downloads on the Android Market.

It received over 200 reviews in the Google Play Store.

A Facebook version generated over 88,672 impressions on Facebook.

Won the SME Silver Award under the “Digital Innovation” category.

 

 

 

[1]

Como que se siente fuera de lugar ahí. Maybe la fecha de duración puede estar en un bullet aparte.

 

Edgardo Jimenez May 30, ’13, 7:02 AM

 

 

 

 

About edwincolonpagan

Autor del libro "Mi Peor Enemigo Soy Yo". Pintor, cuentista, planificador profesional, profesor universitario y motivador. 101% Puertorriqueño.
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