Cuento: EL TREN SE DESCARRILA…

El aroma del café le azota la nariz a Miguel. Parte de este olor se escapa por algunas rendijas de los ventanales de madera. Él está en la espera de restaurarlos. Son las cuatro y cuarto de la madrugada y camina para la estación del tren. A las seis y media verifica con el guardafrenos y el maquinista la seguridad de su primer viaje. Manuel da la señal que la máquina está aceitada. Felipe grita que con los frenos no había ningún problema. El fogonero listo y a bordo alimenta al ferrocarril para la travesía.

Mientras tanto, Miguel espera observando el reloj de la torre y la claridad del día aparece con puntualidad. Los pasajeros entran a los compartimentos de los vagones. Nuestro conductor saluda a los viajeros. Un grupo de nueve niños escuchas escoltados por su líder se notan exaltados al viajar a su campamento en las inmediaciones del rio Camuy. La sección de primera clase a esta hora se encuentra vacía. Dos hombres pasados de los cincuenta, uno viste traje oscuro, el otro color kaki, con sus sombreros combinados. También se distinguen unos soldados impecables, con sus gorras inclinadas hacia el lado derecho, y sus miradas hacia el lado contrario. En el pasillo izquierdo chismosean tres mozas pretendiendo dar la impresión que miraban por las ventanas con indiferencia, una coquetería torpemente escenificada. Los vestidos estampados multicolor y el largo de sus faldas encima de las rodillas, rompen el color monocromático del tren.

Miguel llega al primer vagón de segunda clase, lleno de niños de todas las edades. Hasta una perrita sata se retuerce en el refajo de una anciana de rostro ajado por la ceniza negra de sus frecuentes viajes. Todas los que abordan son puertorriqueños. Es la víspera de las elecciones generales en el País.

Suena el pito. Entre silbidos y movimientos irregulares este monstruo de hierro engrasado suelta bocanadas de ennegrecido vapor transparente desde sus entrañas. El fogonero mantiene en compás los brazos y músculos asegurando que este coloso llegue a su destino.

Enseguida el tren cruza una de las calles de Santurce mientras el guardia de turno coloca las cadenas en lo que atravesaba la carretera. La parada de Tras Talleres es obligatoria y pasar por el puente de Martín Peña  es toda una hazaña. A la hora está pasando por Bayamón. Los rieles de la locomotora parecen esconderse rápidamente por debajo del farol delantero. Las casitas de madera con sus techos de zinc dan un homenaje al paso de este gigante de metal. Otro puente gemelo se divisa por el río La Plata en Dorado. En esta estación se cuelan dos paisanos negros.  Esta aparada  es donde más mulatos suben al ferrocarril. Los sembrados de caña son impresionantes. Además es curiosa la entrada de ocho varones entre las edades de veinticinco a treinta años en la parada de Vega Baja, vistiendo camisas blancas, pantalones claros y sombreros estilo pra-pra. Siempre es un gran evento cuando los trenes se saludan por el lado en el desvío de San Vicente. Más adelante, en el terminal de Manatí unos cuantos niños venden dulces de coco por los vagones. Allí los sorprenden cuatro monjas con sus típicos ropajes en blanco y negro comprando la mercancía.

Pasan los pueblos de Barceloneta y Arecibo, disfrutando la Central azucarera Cambalache. Ven a unos cuantos jíbaros con su machete en mano talando las cosechas. A lo lejos, se puede distinguir a algunas mujeres añangotadas lavando ropa en las orillas del río. Así como varios sembrados de piña y toronjas enmarcando el trabajo de ellas bajo el sol.

Los pasajeros esperan con mucho entusiasmo entrar en el túnel de Guajataca. Los niños abren sus ojos cuando entran y salen de esta cueva. Esos minutos son interminables. Las parejas de enamorados aprovechan el apagón al atravesar la montaña. Cuando la locomotora pasa por Aguadilla, vuelve a patinar. El pitido del tren y todos esos hierros golpeando los rieles establecen un contraste con la belleza del cielo, el océano y los flamboyanes. Pero las sacudidas y bamboleos en esta cuesta obligan a persignarse e invocar al Todopoderoso. Se detiene en la parada de Maleza. Varios muchachitos venden refrigerios por las ventanas, dos venden mangos y el otro, mabí. Pasan los municipios de Añasco y Rincón. Se detiene en un nuevo desvío mientras la otra máquina que transita en sentido contrario continua su rumbo. En Mayagüez se abastecen de agua. De camino a Hormigueros, dos niños esperan en el cruce justo al lado de un campesino montado en un caballo de paso fino. Dejan de lado la Finca de azúcar llamada Desengaño, y nos detenemos en la estación de Lajas, carga el correo a bordo en quince minutos. Cerca de Yauco un grupo de jóvenes entonan algunas canciones antes de llegar a Guayanilla. Finalmente a eso de las 7:00 de la noche, con casi tres horas de atraso llegan a la ciudad señorial de Ponce.

Miguel cansado decide cenar en una fonda, para luego aprovechar el servicio de coche cama que la compañía de tren ofrece de Ponce a San Juan. Horas más tarde está tan dormido que no se percata del susto de sus compañeros en la pendiente escarpada de Aguadilla. Todo se mantuvo sin problemas.

Sin embargo, el tren de turno que transita con una hora de atraso de San Juan a Ponce, a eso de las dos y veinte de la madrugada por Aguadilla tiene un desperfecto y no corre la misma suerte. Con ocho vagones en su arrastre, dos de carga y seis repletos de pasajeros, esta locomotora a una velocidad espantosa patina al bajar la famosa Cuesta Vieja. El tren se descarrila y se escucha una explosión. La descomunal máquina número 72 se estrella y los vagones de segunda clase ruedan sin detenerse camino abajo. Los cuerpos de los pasajeros golpean las paredes de acero desmembrándose algunos de ellos en un lago de sangre y cenizas. Cadáveres y heridos se confunden entre las decenas de escombros de este recién caído Dios de Acero.

A Miguel, lo despierta uno de los tripulantes inmediatamente llega la noticia. Trasnochado no sale del asombro, permanece desconcertado pues se rumora que entre los muertos están sus padres y Francisco su mejor amigo.

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About edwincolonpagan

Autor del libro "Mi Peor Enemigo Soy Yo". Pintor, cuentista, planificador profesional, profesor universitario y motivador. 101% Puertorriqueño.
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