Cuento: ¡POR FIN… VAS A SER ABUELO!

¡Qué extraño me siento! Sé que tengo razón. Claro, estoy actuando como me lo dicta el corazón. ¿Entonces por qué permanece la duda en mi mente? El cuarto, sus cuatro paredes inician el diálogo. El lenguaje del silencio me desespera.  El plafón logra captar toda mi atención.

Quisiera poder tocar con mis ojos cada resguardo de la habitación. ¡Qué perfección! Todo en su sitio,  excepto yo. ¿Seré la pieza del rompecabezas que no logra encontrar el lugar que le corresponde? Por más que busco sin descanso el espejo me vuelve a recordar quien soy.  ¿Nací  o aún estoy en un vientre alquilado? ¿Y… quién es este querubin tan parecido a mí que acaba de abrir sus ojos?

Los mimos nunca nos faltaron, mi padre, es todo dulzura. Con una sonrisa logra calmarnos el miedo. En las mañanas nos lleva a jugar a la orilla de la playa. Los transeúntes nos observan perplejos como esperando que aún tan chicos entendiéramos este enredo.  Nunca conocimos a nuestra madre. Es más, ese sonido bisilábico de “ma-má” jamás lo pronunciamos en mi casa. Ni fuera de ella.  En realidad nunca tuvo sentido.

Los paparazis nos persiguen por doquier. ¿Cuánto vale vivir un día normal como gente ordinaria? Nunca lo sabré. Nunca tuvimos la dicha de saber qué es eso llamado privacidad. Sin la más leve oportunidad de entender ni qué es sentirse amado y protegido por una madre, ni poder salir con libertad sin el acecho de un lente fotográfico escondido en algún rincón inimaginable.

Mi padre decidió que no era necesario la figura materna en nuestro hogar.  Él sabrá por qué lo hizo. Tony y yo lo adoramos, es un ser excepcional. Nos ha amado como nadie ama a sus hijos. Pero nunca entenderé el motivo de su decisión.

Mi vida ha sido complicada. Aunque nunca se lo he confesado a nadie, estas paredes conocen todos mis desencantos. También todas mis alegrías. Desde que mi hermano se enfermó no logro conciliar el sueño. Gracias a Dios que tengo un papá encantador. ¿Cómo podría hacerlo sentir mal? Qué le gusten los hombres, eso para mí es tan normal. Confieso que Alejandro, su compañero, nunca ha necesitado fingir ser una madre para nosotros.

Mi gemelo es homosexual. Yo, desde pequeño me he sentido un tanto confundido.  A pesar que en mis primeros años los hombres me llamaron un poco la atención, las mujeres siempre han sido mi preferencia. Y desde los once años, me decidí por las chicas, pero nunca lo exteriorice. En mi casa, siempre nos  han dado cátedra de libertad: “En cuestiones del amor, deja que tu corazón decida”. Pero es obvio que no es lo que mis papás esperarían de mí.

No sé en qué estaba pensando cuando me acosté con la vecina. Traté muchas veces de compartir con  mis padres mi sentimiento por Laurita, pero la lengua se me congelaba y nunca la pude despegar del paladar a tiempo.

Vuelvo a estar en el cuarto que ha sido mío en los últimos diez años y me asusta decirle a mi padre que voy a ser papá. ¿Tendrá la capacidad de perdonarme este desliz? Va a ser abuelo por el método tradicional. No hay un vientre alquilado para ser abuelo. ¿Qué pensará Tony en medio de su cáncer?  Hoy tiene que ser el día, mis cuatro paredes me han aconsejado que lo confiese. Estoy en vela hasta que papá llegue para decirle con orgullo y valentía: ¡Por fin… vas a ser abuelo!

Advertisements

About edwincolonpagan

Autor del libro "Mi Peor Enemigo Soy Yo". Pintor, cuentista, planificador profesional, profesor universitario y motivador. 101% Puertorriqueño.
This entry was posted in Cuentos. Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s