EL REY SALOMÓN Y LA CUSTODIA COMPARTIDA

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Me inquieta cuando reflexiono en el escenario que la ley de custodia compartida pone a nuestros menores de padres divorciados en Puerto Rico. Trae a mi memoria la leyenda del Rey Salomón cuando las dos madres peleaban por la custodia del niño vivo, donde ambas alegaban ser la madre:

—Traedme una espada.

Y trajeron al rey una espada. En seguida el rey dijo:

—Partid en dos al niño vivo, y dad la mitad a la una y la otra mitad a la otra.

Entonces la mujer de quien era el hijo vivo habló al rey (porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo), y le dijo:

—¡Ah, señor mío! Dad a ésta el niño vivo, y no lo matéis.

—Ni a mí ni a ti; ¡partidlo! —dijo la otra.

Entonces el rey respondió:

—Entregad a aquélla el niño vivo, y no lo matéis; ella es su madre.

En nuestra isla bajo la premisa que tanto el padre como la madre deben tener la custodia del menor, decidieron legislar para que así fuera. Una decisión que considera los mejores intereses y el bienestar del menor. ¡Bravo!, están defendiendo los derechos de nosotros los hombres en el núcleo familiar y en la sociedad. La custodia compartida como elemento principal requiere la tenencia o control físico de ambos progenitores por igual. ¿Esto es posible? ¿Una semana o un mes alternado, o unos días y fines de semana alternados? ¿Cuál es el efecto domino de este tipo de arreglos, en especial, cuando el menor está apenas en sus primeros años de vida? ¿Así los padres divorciados garantizarán guardar y vigilar con más cuidado al menor suprimiendo las desavenencias y rencores que los llevaron a separarse como pareja para siempre? ¿Con este mecanismo legal estamos evitando que el padre sea marginado, que pueda compartir con el menor como la madre y a última instancia se consiga satisfactoriamente el bienestar físico, mental y emocional del menor que es el verdadero motivo de la pieza legislativa?

¿En lugar de actuar sabiamente lo hicimos como dirían los anglo parlantes:“politically correct”? Aunque no partimos al menor por la mitad y no lo asesinamos, emocionalmente lo obligamos a satisfacer las necesidades de ambos padres por igual. Es casi un bullying autorizado por el Estado. ¿Por qué poner a un menor en este precipio existencial? ¿Qué puede ser beneficioso? Claro que sí. Pero esto va a depender, de varios factores: (1) preferencia del menor, (2) el sexo, (3) la edad, (4) salud mental y física del menor y de sus padres, (5) el cariño que puedan brindarle las partes con honestidad, (6) las habilidades de ambos padres para satisfacer las necesidades del menor, tanto las económicas, morales y afectivas. Sobre todo la disponibilidad real de cada parte para compartir con el menor según sus horarios de trabajo, prioridades y filosofía de vida.

Lamentablemente, todo depende del cristal con que se mire. Estoy de acuerdo que el padre tenga la misma oportunidad y derecho de compartir con sus hijos. Muy de acuerdo que evitemos el pensamiento sexista que los hijos están mejor con sus madres. Soy hombre, amo a mis hijos tanto como mi esposa. Pero no puedo olvidar que biológicamente el menor está conectado con la madre. Y aún más significativo, si la madre es lactante y se queda con el niño durante los primeros años de su vida, la conexión es mayor. No hay ley que no reconozca o sea indiferente ante la naturaleza materna. Los hombres ni cargamos una barriga por meses, ni lactamos y mucho menos parimos. Por lo menos hasta el día de hoy. Aunque eso a mí no me ha privado de ser un súper héroe o súper papá para mis hijos. No soy divorciado que conste. Aprendí a lidiar con las dificultades típicas de cualquier pareja normal y sobreponer las necesidades y prioridades de mi familia ante las personales. Cabe mencionar, hay parejas que permaneciendo juntas le hacen más mal que bien a los hijos. Son incompatibles y punto. Sin embargo, en mi opinion la custodia compartida lejos de simplificar o facilitar el escenario para nuestros menores de padres divorciados lo ha complicado aún más.

Es ilusorio pensar, que si el padre va a tener mayor o igual acceso a compartir con el menor esto automáticamente resulta beneficioso para el niño. Los asuntos personales, profesionales o sociales no son sencillos. No depende de una sola variable sino de la interacción de varios factores como los mencionados anteriormente en este escrito. Un alto o ideal nivel de flexibilidad de los padres para compartir la custodia de sus hijos no garantiza la estabilidad emocional de los menores, mucho menos su capacidad para ser hombres y mujeres con salud mental y emocional en el futuro. Esta ley que por un lado consigue que el padre como la madre pueda exigir la custodia del menor en igualdad de condiciones descansa su éxito en la premisa de la buena fe de ambos padres. ¿Puede existir buena fe entre dos seres que por la razón que fuese decidieron dejarse de amar? Soy de la creencia que la felicidad es una decisión, no un estado de ánimo. Decidimos o no amar a alguien con sus defectos y virtudes. También decimos ser felices o no. Por eso dos personas con el mismo padecimiento de salud terminal, uno decide dar la pelea y triunfar. Otros deciden claudicar, fracasar y hasta morir.

El llegar al consenso en un matrimonio o pareja bajo el mismo techo es difícil. Y aún más cuesta arriba cuando se divorcian y viven separados. ¿Cómo el menor, que es la pieza clave, la única conexión que existe entre la expareja, puede asumir un rol neutral sin afectar los sentimientos de papá y mamá? ¿Y qué de la paz y balance del niño? ¿Depende de la edad y sexo del menor? ¿Del sentimiento de culpabilidad que sus padres consciente o inconscientemente le causen a sus hijos?

Para complicar esto más, la vida sigue su curso y papá y mamá se pueden enamorar, y hasta se casan o viven con su pareja. Si ya existía diferencia de criterios sobre en qué escuela o colegio matricular al menor, aspectos religiosos, financieros, políticos, filosóficos, respeto a la diversidad de género entre una cantidad infinita de issues, ahora entran otros personajes con papeles protagónicos, ajenos hasta hoy, en la vida del menor. Esto sin olvidar a los abuelos, tíos, primos y amigos de la familia que compartían ya el cuadrilátero de decisiones. Irremediablemente es complicado y confuso. Lo que se genera como un recurso para el bienestar y los mejores intereses del menor, puede convertirse en la causa de mayor frustración, rencor, complejo y prejuicio en contra de la estabilidad del menor. No es esto lo que la ley trata de evitar. ¿Custodia compartida entre quiénes? ¿Mejores intereses o bienestar para quién? ¿Para el menor o para los padres?

Los tribunales del país, así como abogados de ambas partes, los profesionales de la salud y las instituciones públicas que deben hacer cumplir la custodia compartida tienen más trabajo que antes. Si físicamente es imposible dividir o partir por la mitad a un menor para que sus padres se sientan satisfechos sin que sufra, menos se puede lograr cuando emocionalmente se encuentra en un tirijala legal y existencial entre sus dos héroes.

Con o sin custodia compartida, el ser humano tiene la capacidad de crecer espiritual y emocionalmente. A todos esos padres y madres divorciados que están en el tornado de la custodia compartida les solicito honestidad. Ser auténticos por el bienestar del menor y no usarlo como mecanismo de revancha o venganza. No, bajo ninguna circunstancia destruirle la imagen de papá o de mamá. Ustedes son enteramente responsables de inculcar los valores del bien, de la justicia, de la honestidad. Estos valores solo se gestan en la familia, aunque el núcleo familiar original ya no exista. El karma, la justicia divina, el destino es un gran boomerang. Todo regresa a uno mismo. Por lo tanto, ama a tus hijos, no le siembres odio, ni vergüenza, y menos culpabilidad por un acto que ustedes como adultos decidieron. Es preferible criar niños y niñas felices, asertivas, libres, con el don de gente, con la destreza de perdonar con autenticidad y que amen la diversidad. No críes delincuentes, hombres y mujeres inestables. Nuestros hijos son y serán el reflejo de lo que le enseñemos como sus guías. Todos los días podemos cambiar y ser mejores. Anda, no pretendas partir a la mitad a tus hijos. No sé si puedan soportarlo. Pero si de algo estoy seguro, si no hay amor y respeto auténtico entre las partes, todos sin excepción, sufrirán.

No le quites la capacidad de soñar a tus hijos. Al final, saldrán todos ganando.

 

 

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About edwincolonpagan

Autor del libro "Mi Peor Enemigo Soy Yo". Pintor, cuentista, planificador profesional, profesor universitario y motivador. 101% Puertorriqueño.
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